GONZALO GIRONES GUILLEM (ontinyent 1935)

 

Breve muestra de la exquisitez de sus poesías, desde siempre.

Finalista en 2º lugar del Certamen Mundial de Poesía Religiosa, Madrid 2005


Ultima publicación VERSO RUTILANTE Noviembe 2008

 

RONMANCE DE ONTENIENTE Y LA PURISIMA   1953

 

Nació por obra del Cielo

en lo profundo del valle

y entre la Mancha y la Nao

ha dos mil años que yace.

Hoy su nombre es Onteniente,

recuerdo de otras edades

en que, admirando sus fuentes,

tuvieron a bien llamarle;

“Fontis Villa” los romanos,

“Trafaza” los musulmanes

y, conquistada la villa,

“Fontinient”  los medievales,

Ella es toda clara y limpia,

así es el nombre que trae,

así en su río Clariano

en vez de agua hay cristales

donde su casta hermosura

pueda siempre reflejarse.

Así es el Pozo Claro,

fuente donde el río nace,

manantial donde ella bebe

agua que lloró allí un ángel.

Aquel licor es tan claro

como frío y como suave.

Así son en fin sus hijos

y así se harán inmortales.

¡Qué bien simula su escudo

sus excelsas cualidades!

¡Bravos son esos leones

que arrojan agua constante!

Pecho que da a quien lo pida

su corazón noble y grande,

pregonando a todo el mundo

de generoso el alarde:

“Yo sólo tengo Pureza,

todo lo que puedo darte”.

Y es que en alma noble y pura

la caridad también cabe;

por eso dice la historia

sin temor a equivocarse

que son muy caritativos,

muy nobles y muy leales.

 

Buscó una vez Onteniente

un amor que le agradase,

una mujer que pudiera

ser de sus hijos la madre,

que fuera norte del viento,

que fuera Reina del valle,

que fuera luz en sus noches,

que fuera musa del arte,

y entonces leyó aquel símbolo

 

que su blasón ostentase:

“Que cual mis aguas es limpio

de mis hijos el linaje”.

Y pensó: ¿qué otra criatura

pudiera a mi amor buscarse

que fuera pura y hermosa,

que estuviera “sine labe”,

más que esa Virgen bendita

que lo ha sido en todo instante?

Así postróse él un día

cara al cielo suplicante

en demanda de una reina

que fuera Virgen y Madre.

Al fin se escuchó la súplica

de labios de aquel orante

y el Premiador de los buenos

agotó todo su arte

para darle “Tota Pulcra”

aquella argentina imagen.

Porque vio que todo un pueblo

con aquella fe tan grande

merece lo más hermoso

que él pudiera regalarle.

Porque notó que aquella alma

de tan limpido linaje

la amamantaron los siglos

con virtudes virginales.

Y al fin contempló Onteniente

el amor en sus hogares,

la Soberana en su trono,

la Patrona en sus altares;

la contempló toda Pura

y al verla le dijo “Salve”.

Ya no vendrán a Onteniente

los orgullosos alarbes,

porque su luna humillada

por una beldad más grande

hoy se postra ante sus plantas

a rendirle vasallaje.

 

Y el sol que corona el día

con esa luz arrogante

miró su faz tras la espalda

de esa doncella eclipsarse.

Y esos que alumbran la noche

agujeritos brillantes,

hallaron su amor un día

en lo que Onteniente amase;

por eso entornan sus sienes

y se funden en su imagen

con un sempiterno beso,

prefiriendo coronarle

 

a aparecer siendo estrellas

cuando fenece la tarde.

Mas ¿no le falta a la Virgen

un apéndice en su traje?

¿Dónde habrá dejado el manto

que a su cuerpo no se añade?

La Virgen no viste el manto

porque el es mucho más grande,

porque en él todos sus hijos

deben siempre cobijarse.

El manto es el azul cielo

que se extiende sobre el valle.

De allí vienen a Onteniente

los remedios de sus males,

de donde llegan los bienes,

de donde viene su Madre.

De allí le vino aquel río

que fertiliza sus márgenes,

que es una cinta de cielo

que le abraza al coronarle;

que cuando los viejos muros

de la Purísima lame

va murmurando plegarias

de monótonos cantares;

y que al pasar por la ermita

de su Cristo agonizante

quiere parar la corriente,

quiere a su Cruz abrazarse

y quiere ser el primero

a quien redima su sangre,

escuchando de sus labios:

“Hijo, he ahí a tu Madre...”

Así corren día tras día

sus aguas hacia levante

y al pasar junto a su Virgen

le repiten “Ave, Ave”.

 

Esta es la ciudad Fontana,

esta es su celeste Madre.

Así la quieren sus hijos

y así acaban estas frases

dictadas a mano trémula

por un corazón que late.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

AL MILLOR POBLE DEL MON

“A la memoria de D. José Gironés Valls”
publicado en el programa de fiestas 1967

 

Jo´m senc complaure alamon

Quan soc al poble present

I dins del cor al fron

Em puja un crit que séncén:

Que no hi ha poble en el mon

Com el poble d’Ontinyent

 

Mirant la terra lluntana

Desde dalt del campanar

S’ou no mes una campana

Que l’aire fa tremolar.

El bufit del tren resona

Per damunt del poble quet,

Baixa un home i una dona

Espai per un caminet

I no sap per aón

S’alça una veu de repent:

Que no hi ha poble en el mon

Com el poble d’Ontinyent 

 

Com una brisa moguda

En el Llombo y en el Plá

Que s’alça quan ve crixcuda

La corrent del riu Clariá,

S’alça a cada pas més forta

La paraula de la terra

El aire que mou de l’horta

I el eco duu un crit segon

Desd’Aielo a Bocairent:

Que no hi ha poble en el mon

Com el poble d’Ontinyent,

 

Quan el la festa agostenca

Els moros en la filá

Armenn un soroll que trenca

La pau del poble cristiá,

Tantes músiques sentint

Per el Delme i per el Clot

Uno’s pregunta a sovint

Que vol dir eixe alborot,

I als platets fen xin, xin, xin,

I al tambor fent pon, pon, pon,

Esta expresió s’els entén:

Que no hi ha poble en el mon

Com el poble d’Ontinyent.

 

Quan en l’esglesia al dissabte

Un monessillo s’entona,

Altres dos corren al cabte

I un altre reça en la trona,

Els cantics cap alcel munten

Qué cante el poble en la misa,

La Mare de Deu respón

Amo la cara somrient:

Que no hi ha poble en el mon

Com el poble d’ontinyent,

 

Paraules tretes del pit

No cal que ningú ens escriga,

Si una volta s’han sentit,

Cuan el cantor no les diga

Llançaaráa una veu el crit

Que naix de lo més profón

Tota la colla resent:

(diu la colla)

Que no hi ha poble en el mon

Com el poble d’Ontinyent.

Gonzalo Gironés Guillem

Capellá 1966

 

 

 



VIA CRUCIS POETICO 1982

 

PREÁMBULO

 

Por la calle del mercado

caminando me perdí,

al mismo tiempo que oí

que a Jesús han capturado.

con el discípulo amado

camina la Madre santa.

si el dolor no les espanta

para seguir esta vía

yo andaré junto a Maria

con un nudo en la garganta.

I ESTACION

 

Jesús condenado a muerte

 

Lo llevan a la escalera

donde está Poncio Pilato.

duéleme ver el maltrato

de un pueblo trocado en fiera.

Tan mansa y dulce cordera

le piden crucificar

que el Juez la quiere soltar ...,

pero consiente mezquino,

y ha soltado a un asesino

para a Jesús condenar.

 

 

 

II ESTACION

 

Jesús es cargado con la cruz

 

 

Ya has cargado con la leña

para hacer el sacrificio,

duro es el peso que el vicio

de tus hermanos te empeña.

Tropezando por la peña

tu pie al calvario camina,

mas tu mirada divina

no ve negro el horizonte,

que esta tu Padre en el monte

y mi alma te anda vecina.

 

 

III ESTACION

 

Jesús cae por primera vez

 

Bajo el peso del pecado

tu rostro cae en el suelo,

y tu alma en el desconsuelo

de verte tan maltratado.

Apenas te has levantado

me has mirado con dulzura.

aprende, humana criatura,

me dices callado y manso,

que para entrar en descanso

hay que pasar la amargura.

IV ESTACION

 

Jesús encuentra a su santísima Madre

 

A la vuelta de la esquina

tu Madre sale al encuentro

y te mira ojos adentro

la más triste peregrina.

Desde el silencio adivina

el secreto de tu historia:

ella guarda en la memoria

tu dulce mirar primero

en que dijiste “yo muero

porque el mundo alcance gloria”.

 


 

V ESTACION

 

El Cireneo ayuda a Jesús a llevar la cruz

 

Aquí, volviendo del campo,

halló un hombre su ventura...

“No te quejes si es tan dura

la cruz que en tu vida estampo

(dijo Cristo), que yo acampo

junto a la humana vereda,

porque sepas que no queda

otro camino que el mío,

y a tu trabajo confío

la planta de esta arboleda”.

 

 


VI ESTACION

 

La Verónica limpia el rostro de Jesús

 

Verónica la piadosa

te ha enjugado con su manto,

y le has devuelto el encanto

de guardar tu faz hermosa.

Guarda lágrimas de rosa,

guarda mirada serena,

que si aquellas son la pena

de un rescate generoso,

ese mirar bondadoso

de que esperanza nos llena. 

 

VII ESTACION

 

Jesús cae por segunda vez

 

Empujado y abatido

por un golpe lastimero,

hasta el polvo del sendero

segunda vez has caído.

Mas al verte dolorido

tú me llenas de esperanza,

que el pensamiento me alcanza

que tú quieres perdonarme,

si yo logro levantarme

del pecado sin tardanza.

 

 

 

VIII ESTACION

 

Jesús consuela a las mujeres
 de Jerusalén

 

Pues que tan mísero ven

ese cuerpo sacrosanto,

a tu paso rinden llanto

madres de Jerusalén.

“Lamentad el mismo bien

que en vuestros hijos se pierde”.

Díceles Jesús: “no muerde

el mal carnes virginales,

si no es por librar de males

pueblo seco en planta verde”.

 

 

IX ESTACION

 

Jesús cae por tercera vez

 

Tantas serán mis caídas

cuantos fueren tus pecados,

por los hombres desalmados

yo daría dos mil vidas.

Así, Jesús, intimidas

nuestra soberbia arrogante,

y aún caminas adelante

hasta la cumbre del cerro,

donde ha de matar el hierro,

con tu amor mi mal talante.

X  ESTACION

 

Jesús muere en la cruz

 

Llegó la hora suprema

de entregar la vida al Padre

y a los hermanos tu Madre

por una bondad extrema.

¡Darlo todo¡, este es el lema

que canta la sangre al pecho.

De un cuerpo arado y maltrecho

brota el soplo de la vida;

bebe mi alma arrepentida

tu amor sangriento y deshecho.

 

 

 

XIII ESTACION

 

Jesús descolgado y puesto
en brazos de su Madre

 

Te devuelven sus despojos,

Madre fuerte en la esperanza:

tuyos son, pro te alcanza

la fe que escruta en tus ojos

que esos miembros son abrojos

que han crecido demasiado.

De tu vientre han escapado

para subir hasta el cielo,

pero te queda el consuelo

del amor que te ha abrasado.

 

 

XIV ESTACION

 

El cuerpo de Jesús es puesto en el sepulcro

 

En callada sepultura

yace el hijo más hermoso,

él ha ganado el reposo

y el mundo gana hermosura.

Encerrado perla pura

la tierra aguarda su gloria;

el polvo canta victoria

sobre muerte corrompida,

que le han sembrado la vida

que hará renacer la historia.


 

A Doña Elvira Guillem Lizandra

cantan sus hijos

 

Compañera del rey que Dios quería

te encontraste mujer fecunda y fuerte;

vientre feraz, antídoto de muerte,

dabas la vida amando eterno día.

Simiente de la fe, paz de alegría,

amadora feliz, déjanos verte

manantial de trabada compañía.

en ti juntaste al padre con los hijos,

ligaste el porvenir con el pasado,

fervor moderno reteniendo historia.

Historia pura, libre de entresijos

de la ruin mezquindad, tu amor colmado

nos brilla para siempre en la memoria

 

6/8/2004  ella falleció el 28/8/2004